Por qué perder el tiempo desayunando si no se tiene hambre por la mañana: ¿merece la pena romper los biorritmos en aras de un estereotipo?

Desde niños se nos inculca un axioma: el desayuno es la comida más importante.

Es un pecado saltárselo, de lo contrario su metabolismo se ralentizará, y por la noche comerá el doble, afirma el corresponsal de .

Pero, ¿y si tu falta de apetito por la mañana no es una falta de disciplina, sino una característica individual de tus ritmos circadianos? La sensación de hambre está regulada por las hormonas grelina y leptina, cuya función está estrechamente ligada a los horarios de sueño y a los niveles de cortisol.

En los «búhos», cuyo pico de actividad se desplaza a la noche, la liberación matutina de cortisol y, en consecuencia, el despertar del apetito pueden retrasarse varias horas. Forzar la ingesta de alimentos mediante el «no quiero» resulta estresante para el organismo que acaba de despertarse.

Toda la energía se destina a los procesos digestivos en lugar de dedicarse al cerebro y los músculos. Muchas personas notan que después de un desayuno copioso no quieren correr al trabajo, sino volver a tumbarse.

Evolutivamente, el hombre no empezaba el día con una búsqueda inmediata de comida. Lo primero era evaluar la situación, las fuentes de agua y las posibles amenazas.

Sólo después de garantizar la seguridad se podía pensar en la comida. El ritmo moderno ha pervertido esta secuencia, pero muchas personas siguen teniendo la misma fisiología.

Los estudios no encuentran un beneficio claro de un desayuno obligatorio para el control del peso o la tasa metabólica. Lo crucial es la cantidad total y la calidad de los alimentos ingeridos al día, no el momento del primer bocado. Para algunos, lo que resulta ser una estrategia eficaz es acortar el periodo de ingesta de alimentos.

La clave está en la conciencia, no en el dogma. Si te levantas con un apetito lobuno, bien, desayuna. Si no, no te fuerces. Llévate un tentempié saludable y cómetelo cuando el hambre llame realmente a la puerta, no cuando te lo exija tu horario.

La clave está en no compensar la falta de desayuno con la glotonería nocturna. Un enfoque consciente de la comida de la mañana te ayuda a construir un horario de comidas armonioso en el que comes en respuesta a las verdaderas señales de tu cuerpo, no a prescripciones externas o pensamientos ansiosos de un metabolismo lento.

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