Para qué lubricar los zapatos y no con crema: los secretos de la larga vida de tu par favorito

Un par nuevo de zapatos de ante se cubre de antiestéticas manchas claras de agua y sal tras una semana de uso.

No esperes al final de la temporada: compra un cepillo especial con goma de borrar y un cepillo limpio de cerdas duras, informa .

Primero frota la mancha con la goma de borrar, luego repasa con el cepillo para levantar el pelo, y el ante quedará como nuevo. Este procedimiento debe hacerse después de cada paseo serio, no una vez al año.

Los cordones de cuero de los zapatos clásicos se desatan constantemente porque sus extremos pierden rápidamente la firmeza. Sumerge cada extremo un par de milímetros en esmalte de uñas transparente o cola blanca.

Déjalos secar – ahora los cordones serán fáciles de pasar por los agujeros, pero mantendrán el nudo bien sujeto. Esto prolongará la vida del accesorio y evitará una situación cómica en el momento más inoportuno.

La plantilla interior se descuelga con el tiempo y empieza a oler mal. No tengas prisa por tirarla: sácala, espolvoréala abundantemente con bicarbonato, déjala toda la noche y por la mañana límpiala con la aspiradora.

El bicarbonato absorberá toda la humedad y los olores y la plantilla volverá a ser ponible, aunque por poco tiempo. Es una forma estupenda de llegar al punto de comprarte un par nuevo de calidad sin traumatizarte los pies.

Los flancos de goma blanca de las zapatillas se vuelven amarillos por la oxidación y el contacto con el asfalto. Mezcla bicarbonato sódico y peróxido de hidrógeno hasta obtener una pasta, aplica la mezcla a los flancos y déjalos a la luz directa del sol durante unas horas.

El sol activará las propiedades blanqueadoras del peróxido y, tras lavarlo, te sorprenderá gratamente el resultado. En este caso, la reacción química es más suave que la de los geles agresivos ya preparados.

Los zapatos mojados tardan una eternidad en secarse, y ponerlos sobre el radiador puede agrietar el cuero. Rellena los zapatos empapados con periódicos bien arrugados o toallas de papel y cambia el relleno cada tres horas.

El papel extraerá la humedad del interior mucho más rápido que el calor exterior, y no deformará el material. Es un viejo método de eficacia probada que siempre funciona sin fallos.

Los tacones de los zapatos o botas se desgastan de forma irregular, lo que hace que tu forma de andar sea inestable. No dejes que este desgaste sea crítico: lleva tu par a un taller al primer síntoma de biselado.

Una simple talonera cuesta unos céntimos, pero no sólo nivela el zapato, sino que alarga considerablemente la vida tanto de la costosa suela como de tus articulaciones. Cuidar los tacones con regularidad es una muestra de respeto por uno mismo y por un artículo de calidad.

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