Por qué extender la masa en una sola dirección: cómo la física determina la textura de los productos horneados

La mano coge el rodillo casi automáticamente cuando hay que convertir un trozo de masa en una capa uniforme, pero pocas veces se piensa que la dirección de cada movimiento deja una huella invisible en la estructura, que aparecerá en el horno.

Estirar la masa no es sólo adelgazar mecánicamente, se trata de controlar la red de gluten, y de dónde se aplique la fuerza depende que la masa se mantenga tierna o se vuelva rígida, informa .

Si se aplica el rodillo de forma caótica, en distintas direcciones, se desgarran y enredan las largas hebras proteínicas de gluten que acaban de empezar a estirarse y organizarse. Como resultado, la estructura se debilita y se desgarra, y el producto final se vuelve quebradizo y seco.

Trabajar en la misma dirección, desde el centro hacia los bordes, con la capa girada 90 grados después de algunas pasadas, permite estirar estos filamentos de manera uniforme, creando un armazón fuerte pero elástico. Este principio es especialmente crítico para la arena y el hojaldre, donde el objetivo es tener una estructura lo menos relajada posible o, por el contrario, de varias capas.

En el caso de la masa quebrada, que debe ser desmenuzable, no es necesario que el gluten se desarrolle, por lo que se extiende rápidamente, con un mínimo de movimiento para evitar que las proteínas se liguen. La masa de hojaldre, en cambio, requiere un estiramiento cuidadoso para no romper las capas de mantequilla fría y permitir que se extiendan uniformemente.

La presión del rodillo debe ser suave y segura: no se pueden presionar los bordes, de lo contrario se volverán más finos que el centro y la masa «flotará» al hornearse, perdiendo su forma. Los profesionales suelen utilizar anillos guía en el rodillo para garantizar un grosor uniforme en toda la superficie.

En casa, puede coger dos listones de madera del mismo grosor y extender la masa entre ellos. Dejar reposar la masa en la nevera antes y después de extenderla no es un capricho, sino una necesidad.

El frío devuelve la dureza a la grasa y permite que el gluten, ligeramente estresado durante el amasado, se relaje. Si estiras la masa caliente, se pegará a la superficie y se romperá, y la mantequilla que contiene se derretirá, comprometiendo la textura.

Es mejor elegir una superficie fría para trabajar: mármol o granito. Si no tienes, puedes enfriar la encimera colocando bolsas de hielo sobre ella durante un par de minutos y luego limpiar rápidamente la condensación.

La cantidad de harina para espolvorear debe ser mínima, sólo para evitar que la masa se pegue, de lo contrario el exceso de harina se absorberá en la capa y la hará rígida. La forma de la masa también es importante: para una tarta con relleno, lo ideal es un círculo enrollado desde el centro en espiral, y para un panecillo o una lasaña, un rectángulo ordenado, que se consigue enrollando la masa a lo largo y luego en cruz.

Estos sencillos principios geométricos ayudan a distribuir uniformemente la tensión y evitan que se rompa durante el moldeado. La cocción a ciegas, en la que el pastel se cuece con un peso (guisantes o bolas de cerámica especiales), requiere una manipulación especialmente cuidadosa.

La masa debe extenderse con un rodillo un poco más grueso, transferirse con cuidado al molde y presionar con cuidado el fondo y los lados, para que bajo el peso de la carga no se rompa ni se deforme. Haga un experimento: divida la masa de galletas en dos partes, extienda una parte como de costumbre y la segunda estrictamente en la misma dirección, girando.

Después de hornearlas, notarás la diferencia: las galletas de la segunda masa serán más planas, mantendrán mejor su forma y puede que estén un poco más aireadas. Esta habilidad se adquiere con la práctica y prestando atención al material.

La masa es como un ser vivo, responde al tacto, y si actúas de forma brusca y desordenada se «aprieta», pero si actúas con calma y constancia se abre, permitiéndote crear exactamente la textura que tienes en mente.

Extender en una dirección es un proceso meditativo que te ralentiza y te obliga a concentrarte. Dejas de luchar contra la masa y empiezas a cooperar con ella, sintiendo su retroceso bajo el rodillo.

Este enfoque ahorra energía y tiempo: la masa se extiende más rápido y, la primera vez, no tienes que juntarla en un bulto y empezar de nuevo a causa de roturas e irregularidades. Aprendes a conseguir resultados no por la cantidad de movimientos, sino por su calidad.

En definitiva, se trata de respetar los ingredientes y el proceso. Cada movimiento del rodillo es un paso para convertir una simple mezcla de harina, agua y grasa en algo más: una corteza crujiente, una base de hojaldre o una delicada galleta.

Recuerda este principio y tu repostería alcanzará un nuevo nivel. Las diferencias de textura que parecen nimiedades en la masa cruda se convierten en un abismo entre los resultados de un aficionado y los de un profesional después del horno.

Pruebe al menos una vez a concentrarse no en la velocidad, sino en la trayectoria, y sentirá cómo el propio material cambia bajo sus manos. Es el momento en que la artesanía empieza a convertirse en arte.

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