Cómo darse cuenta de que un gato no es sólo perezoso: la apatía como máscara del dolor crónico

Nos maravillamos de la capacidad de los gatos para dormir veinte horas seguidas y lo atribuimos a su naturaleza.

Pero a menudo no se trata de pereza complaciente, sino de un silencioso grito de auxilio, informa .

Los gatos son genios a la hora de enmascarar el malestar, y su principal estrategia cuando se sienten indispuestos es quedarse inmóviles para evitar atraer la atención de los depredadores. Su tarea consiste en distinguir entre el sueño saludable y la apatía dolorosa.

La primera señal de alarma es la pérdida de interés por los rituales. Si el gato ha dejado de saludarle en la puerta, de seguirle a la cocina con la esperanza de una golosina o de participar en el juego nocturno, es un serio motivo de preocupación.

Un animal deprimido o dolorido ahorra energía rechazando todo lo que no sea vital. Su mundo se reduce al tamaño de una cama.

El segundo marcador es un cambio en la higiene. Un pelaje brillante y bien cuidado es un indicador de salud.

Un pelaje apagado, grasiento o, por el contrario, erizado indica que a la mascota le resulta doloroso o incómodo darse la vuelta para lamerse. El estado de la «fachada trasera» es especialmente revelador: la falta de cuidado de esta zona suele ser señal de artritis de la columna vertebral o sobrepeso.

El tercer signo es la agresividad inmotivada o, por el contrario, el deseo de esconderse. Un gato al que antes le encantaban las caricias pero que ahora sisea cuando se le acaricia el lomo puede estar sufriendo hiperestesia (sensibilidad cutánea dolorosa) o dolor articular.

Esconderse debajo de la cama todo el día tampoco es la norma, sino un intento de encontrar el lugar más seguro y apartado para esperar solo a que pase una mala sensación. Es importante observar no sólo un parámetro, sino un complejo.

letargo más falta de apetito, letargo más cambios en la marcha (cojera, rigidez), letargo más postura corporal tranquila y antinatural (espalda encorvada, patas recogidas). Los gatos rara vez lloran de dolor.

Simplemente se callan, y en ese silencio está toda la información para un propietario sensible. No atribuya los cambios de comportamiento a la edad.

Sí, los gatos mayores juegan menos, pero no tienen por qué perder el interés por la vida. La medicina veterinaria moderna puede tratar con éxito muchos dolores relacionados con la edad (artritis, enfermedad renal) y devolver la alegría a tu mascota.

Tu tarea consiste en descifrar a tiempo su señal silenciosa y llevarlo no al foro, sino a la clínica, donde existe la posibilidad de volver a convertir la apatía en esa pereza tan pacífica y saludable.

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