Cómo dejar de perder el tiempo en el trabajo a distancia: trucos psicológicos para trabajar desde casa

¿Te has sorprendido alguna vez pensando que han pasado tres horas y aún no has abierto un archivo de trabajo, pero has revisado todos los riles y te has tomado cinco tazas de café?

El problema no es la pereza, sino la falta de un anclaje claro que encienda el modo de trabajo, porque antes te lo hacían de camino a la oficina y el mero hecho de estar presente en otro edificio, informa el corresponsal de .

Hágase un ritual de la mañana, que no durará más de quince minutos, pero se llevará a cabo con rigor: un ejercicio ligero, ducha y café de la taza de la que se bebe sólo en días laborables. El cerebro se acostumbra a la constancia y después del tercer día encenderá la concentración en el momento adecuado sin tus esfuerzos.

Un autónomo que conozco estuvo atormentado por la procrastinación durante años hasta que ideó un sistema de «fumador virtual». Consiguió que un colega de fuera de la ciudad le llamara por vídeo cada mañana durante diez minutos y se limitaran a charlar sobre planes, memes y noticias, como si se hubieran conocido en la máquina de café.

Esto crea la ilusión de la presencia del equipo y un sentido de responsabilidad, porque por la tarde ese mismo colega te preguntará qué has hecho durante el día. La presión social funciona incluso a distancia, sustituyendo al jefe que está detrás de ti.

Probablemente hayas oído hablar del método del tomate, en el que veinticinco minutos de trabajo se alternan con cinco de descanso, pero a mí personalmente sólo me da dolor de cabeza. Prueba un ritmo diferente: cincuenta minutos de concentración total, seguidos de diez minutos de descanso total sin pensar en las tareas .

Durante estos diez minutos puedes tener tiempo para acariciar al gato, lavar un plato o simplemente mirar estúpidamente por la ventana, y el cerebro se reiniciará de verdad. La clave es no consultar el correo electrónico ni hojear el feed, o nunca saldrás de la tormenta de información.

En la oficina no solemos darnos cuenta de cuántas pequeñas victorias conseguimos en un día, mientras que en casa una gran tarea se cierne sobre nuestras cabezas y parece que no avanzamos. Divide un proyecto grande en micropasos y por cada paso completado date una recompensa instantánea: cinco minutos de tu canal favorito de YouTube, un caramelo o simplemente una nota en tu cuaderno «Lo estoy haciendo genial».

Al cerebro le encanta la retroalimentación rápida y, sin ella, pierde rápidamente la motivación, aunque el trabajo sea importante. El refuerzo artificial hace maravillas allí donde la fuerza de voluntad ya se ha rendido.

La mayor trampa del trabajo a distancia es la difusa línea que separa «todavía trabajando» de «ya descansando». Apaga el ordenador y escóndelo de la vista en cuanto acabe la jornada laboral oficial, aunque parezca que aún puedes hacer las pequeñas cosas.

Un portátil sobre la mesita crea una tensión de fondo, como si tuvieras que volver a ponerte manos a la obra en cualquier momento. Separar físicamente tu espacio de trabajo de tu espacio personal es la única forma de no quemarte después de seis meses viviendo así.

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