Cómo vivir hasta los 100 años con buena salud: las reglas de la longevidad activa de un destacado gerontólogo

El límite máximo de la vida humana, definido por la ciencia, es de 110-120 años, y no se trata de una fantasía, sino de un potencial genéticamente inherente.

Los récords de longevidad, como los 122 años confirmados, sólo demuestran que la marca del siglo es una realidad bastante alcanzable para muchas personas, informa el corresponsal de .

Sin embargo, la principal tarea de la gerontología moderna no consiste en la simple prolongación de la vida, sino en alargar su periodo activo, capaz y pleno hasta los 80-90 años. Resulta que la genética determina sólo el 25-30% de nuestro envejecimiento, y el 70-75% restante es epigenética, es decir, la influencia del estilo de vida, la nutrición, la actividad física y el medio ambiente.

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El factor principal en este caso es una actitud sensata ante la propia vida, un alto nivel cultural y la responsabilidad personal por la salud. Resulta que nuestra longevidad no depende de los genes heredados, sino de las decisiones cotidianas.

La primera línea en la clasificación de las tecnologías que inhiben el envejecimiento es la restricción calórica razonable. Se ha demostrado científicamente que reducir la ingesta calórica en un 20-30% a expensas de los alimentos grasos y dulces puede mejorar la calidad de vida en un 20% aproximadamente.

No se trata de pasar hambre, sino de negarse conscientemente a comer demasiado, porque comer en exceso provoca un desgaste prematuro del sistema enzimático y de las células del tracto gastrointestinal. Las comidas deben ser variadas más que abundantes.

Curiosamente, según los expertos, prácticamente no hay longevos entre los vegetarianos estrictos. Con la edad, la necesidad de carne roja disminuye, pero no hay que renunciar por completo a las proteínas animales: serán útiles el pollo, el pavo y, sobre todo, el pescado, especialmente el de río y de lago doméstico.

Los radicales libres que aceleran el envejecimiento pueden neutralizarse con la ayuda de antioxidantes, que abundan en las verduras y frutas rojas frescas, como los pimientos rojos. Incluso una pequeña cantidad de vino tinto de calidad puede beneficiarse de estas sustancias, pero la palabra clave aquí es «pequeña».

La actividad física es un factor crítico para activar el metabolismo celular, pero la elección correcta es fundamental para la longevidad. Los gerontólogos insisten: no se trata de deportes con aceleración brusca, sino de ejercicio físico diario: caminar, nadar, montar en bicicleta.

Actividades como el tenis o el esquí alpino provocan microtraumatismos y desgastan las articulaciones, lo que en la vejez hace más mal que bien. La medicina moderna también ofrece apoyo farmacológico en forma de biorreguladores peptídicos con efectos científicamente probados, algunos de los cuales incluso están incluidos en la farmacopea oficial.

Sin embargo, cualquier paso en esta dirección debe coordinarse con un médico, y la automedicación es inaceptable. La sabiduría de la longevidad reside en combinar miles de años de experiencia de un estilo de vida saludable con los logros de la medicina basada en la evidencia.

Vivir hasta los cien años no es un fin en sí mismo. El verdadero objetivo es llegar a esa edad con la mente despejada, con capacidad para moverse, interesarse por el mundo y sentir alegría por la vida.

La longevidad sin salud ni vigor no es más que una larga existencia, y la verdadera victoria se produce cuando la edad del pasaporte se convierte en un bonito número que nada tiene que ver con tu estado interior.

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