Estás mirando a un perro dormido que mueve las patas rítmicamente, tiene la boca ligeramente abierta y los párpados se mueven frenéticamente detrás de los ojos cerrados.
La visión es adorable, pero detrás se esconde un trabajo neurobiológico muy complejo, según un corresponsal de .
Los perros, como los humanos, pasan por una fase de sueño REM, en la que el cerebro procesa las experiencias del día, trasladándolas de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. Los investigadores que han observado la actividad cerebral de perros dormidos han llegado a la conclusión de que las sacudidas de las patas no son convulsiones caóticas, sino movimientos intencionados que repiten patrones reales de carrera, juego o caza.
Tu perro no sólo se estremece, sino que está repitiendo literalmente en su cabeza la persecución matutina de una pelota o el encuentro con un alegre spaniel en el parque. Es un ensayo mental de una experiencia vivida.
Los cachorros sueñan con especial frecuencia e intensidad. Sus cerebros están sobrecargados de información nueva, las conexiones neuronales se están formando a una velocidad tremenda y necesitan «digerir» literalmente todo, desde el sabor de la comida nueva hasta el susto de la aspiradora.
Esto es normal e incluso saludable. Interrumpir a un cachorro en este punto es privarle de una importante etapa del desarrollo cognitivo.
Los perros adultos tienen sueños que reflejan su especialización. Las razas de caza son más propensas a hacer movimientos rápidos y bruscos con las mandíbulas y las patas en sus sueños, como si agarraran una presa.
Los perros pastores mueven ligeramente las extremidades como si estuvieran arreando ovejas invisibles en círculo. Y los perros de compañía pueden estar simplemente recibiendo golosinas y afecto sin parar en sus ensoñaciones caninas.
El único momento para preocuparse es cuando los movimientos no parecen carreras, sino convulsiones violentas acompañadas de rigor mortis, salivación profusa o pérdida del conocimiento. Ya no se trata de sueños, sino de una posible actividad epiléptica, que requiere una grabación en vídeo para un neurólogo y asesoramiento.
Pero si el perro sólo arrastra las patas y gimotea, déjelo en paz. Contemplar este proceso es un raro privilegio sólo al alcance de los más allegados.
Lo que ves no es sólo un animal dormido, sino su mundo interior proyectado en la pantalla de los párpados cerrados.
En esos momentos, tu perro puede estar en ese lugar perfecto donde siempre hace sol, huele a menta y el dueño nunca sale a trabajar. No rompas esa ilusión con un despertar brusco.
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