Por qué no se puede seguir siendo amigo inmediatamente después de una ruptura, y cómo sobrevivir al «síndrome de abstinencia»

Las rupturas sentimentales suelen compararse con el dolor físico, y no es sólo una metáfora de las novelas románticas: los neurobiólogos han registrado actividad en las mismas zonas del cerebro que las lesiones graves.

Nuestro cuerpo percibe la pérdida de un ser querido como una amenaza para la supervivencia, lo que desencadena una auténtica tormenta de estrés con liberación de cortisol y descenso de la dopamina, informa un corresponsal de .

Llegados a este punto, el cerebro busca cualquier resquicio para recuperar la fuente de placer familiar, y la idea de «seguir siendo amigos» parece un puente salvavidas sobre el abismo del dolor. Pero este puente, por desgracia, no conduce a la otra orilla, sino de vuelta al mismo pantano del que acabas de salir con tanta dificultad.

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Los psicólogos advierten: la amistad con una ex pareja inmediatamente después de una ruptura no tiene que ver con la madurez, sino con la incapacidad de aceptar la pérdida y pasar por todas las etapas del duelo. No te das tiempo para llorar la pérdida, te aferras a la ilusión de que «no es para tanto» y te niegas así la oportunidad de sanar.

Para sobrevivir a esta retirada, tienes que entender una mecánica sencilla pero brutal: el final de una relación es la muerte, aunque no sea física. Lo que muere es vuestro futuro juntos, vuestros planes comunes, la imagen de ti mismo que existía en la pareja.

Y esta muerte requiere un ritual de despedida en toda regla, no un velatorio interminable en forma de mensajes diarios de «¿cómo estás?». Romper el contacto durante al menos unos meses no es venganza ni crueldad, sino higiene mental básica.

Salir de esta trampa empieza con un paso radical: tienes que reconocer que la persona con la que rompiste ya no forma parte de tu vida en la misma capacidad. Esto no significa enemistarse, sino darse tiempo para transformarse de «ex» a «extraño».

Sólo volviéndose completamente neutrales, extraños, podrán quizás algún día encontrarse como viejos conocidos con una historia compartida sin dolor. Un periodo de «desintoxicación digital» de tu ex -borrar la correspondencia, darse de baja de las redes sociales, no desplazarse por su página por la noche- debería convertirse en tu norma personal, no en un acto de agresión.

Es como quitar una escayola de un hueso en proceso de curación: mientras protegía, pero ahora te impide seguir adelante. Y sólo después de liberarte de este ancla, podrás dirigir toda la enorme energía que gastabas en preocuparte, a construir tu propia vida, separada y feliz.

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