Por qué soltar al perro: el precio de la libertad y los riesgos invisibles

El momento en que desenganchas el mosquetón parece la cumbre de la confianza y la libertad.

Pero a menudo es sólo una ilusión construida sobre nuestras nociones románticas y no sobre las necesidades reales de un perro de ciudad, informa .

La libertad de correr sin control para ella no es una alegría, sino una enorme responsabilidad y fuente de estrés, porque ahora tiene que analizar el flujo de coches, bicicletas, otros perros y personas. El principal riesgo ni siquiera es perderse.

Es un atropello, una pelea con otro perro, un cebo envenenado que se acerca o simplemente un susto repentino que le hace salir corriendo sin mirar atrás. Pero hay una amenaza menos evidente: la psicológica.

Un perro acostumbrado a resolverlo todo por sí mismo se desteta poco a poco de escuchar a su amo. Su atención se distrae, su comunicación se debilita y, en un momento crítico, puede simplemente ignorarte.

Además, para muchas razas y temperamentos, la «libertad» es una carga imposible. Los perros ansiosos o demasiado amistosos pierden el autocontrol en la euforia de correr.

Los primeros pueden entrar en pánico ante un sonido fuerte y repentino, los segundos pueden seguir alegremente a un extraño o a un perro por el horizonte, olvidándose de que existes. También hay un aspecto ético: no a todos los transeúntes les hace gracia ver al perro de un desconocido, aunque sea el más amistoso, corriendo hacia ellos.

Miedo, alergias, experiencias negativas del pasado: tu derecho a la libertad de tu mascota termina donde empieza el derecho de otra persona a la comodidad y la seguridad en el espacio público. La correa también es una señal de respeto a los demás.

La alternativa no es una correa para toda la vida, sino un trabajo largo y constante en un rollo de adiestramiento largo en zonas seguras y valladas. Enseña a tu perro no sólo a venir cuando se le ordena, sino a estar constantemente en contacto contigo, a mantenerte en el punto de mira.

La verdadera libertad no consiste en no llevar correa, sino en estar preparado para ponérsela en cualquier momento y saber que no es un castigo, sino una regla del juego. Esta libertad, de la que eres plenamente responsable, debe ser un privilegio, no un derecho.

Se concede por obediencia perfecta y sólo en las condiciones adecuadas. Recuerde que su perro es el producto de miles de años de cría que lo han hecho dependiente del hombre.

Su verdadera felicidad no está en un vasto campo, sino en la certeza de que su líder sabe dónde está seguro y siempre puede protegerlo.

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