Te despiertan unos ladridos apagados e insistentes a las dos de la madrugada.
Tu viejo perro está de pie en medio de la habitación, mirando al vacío y ladrando sin prestarte atención, según un corresponsal de .
Le llamas, se sobresalta, se acerca, mueve el rabo… y diez minutos después todo se repite. No es un capricho ni un deseo de salir a pasear. Es demencia, y es tan real en los perros como en las personas.
Los veterinarios lo llaman síndrome de disfunción cognitiva. El cerebro del perro anciano sufre cambios similares a los de la enfermedad de Alzheimer: se forman placas y la transmisión neuronal se deteriora.
El animal pierde la orientación en el tiempo y el espacio. Puede olvidar dónde está el cuenco, cómo ir al pasillo o no reconocer a una persona conocida.
La noche intensifica estas condiciones. Los ladridos nocturnos no son ni una petición ni una demanda.
Es un grito de confusión. El perro se despierta y no entiende dónde está, quién es ni por qué está oscuro a su alrededor.
Está asustada, y la única forma que le queda de comunicarse es a través de su voz. Llama a la manada, buscando apoyo en el sonido de sus propios ladridos. Se trata de un síntoma neurológico, no de comportamiento.
Los dueños suelen malinterpretarlo como un intento de llamar la atención o un signo de mala educación. Empiezan a regañar, a dar tirones o, por el contrario, a calmar de forma excesivamente emocional, lo que no hace sino desorientar aún más al perro.
No entiende por qué su mundo se ha vuelto de repente tan incomprensible y aterrador, y su dueño se enfada con ella por tener miedo. Lo que realmente ayuda: una luz suave en la habitación (una luz nocturna alivia el miedo a la oscuridad), acceso a agua y la posibilidad de bajar de la cama de forma segura si el perro salta dentro.
A algunos animales les ayuda el ruido blanco o simplemente una música tranquila y relajante a la hora de dormir. Y, por supuesto, paciencia. Tu calma es la principal medicina para un alma perdida en su propia casa.
No dejes de llevar a tu perro al veterinario. Hay medicamentos que mejoran la circulación cerebral y ralentizan el deterioro cognitivo. No le devolverán la juventud, pero pueden hacer que el tiempo que le queda sea más claro y tranquilo.
No puedes detener el tiempo, pero puedes asegurarte de que tu viejo amigo no vague solo en la oscuridad de su propia mente, sino que sienta tu mano guiándole a través de esa niebla.
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