La pregunta más frecuente de los dueños de perros novatos: ¿cómo explicar al perro que las zapatillas no son una presa y que el cuenco del gato no es su bufé personal?
Los métodos habituales – dar bofetadas con un periódico o ladrar – sólo funcionan mientras se está cerca, según un corresponsal de .
En cuanto te alejas, la ofensa se repite con el triple de vigor, porque la prohibición no ha sido meditada, sólo reprimida por el miedo. La palabra clave en el adiestramiento para la prohibición es alternativa. El perro no sólo debe saber que «no puedes».
Necesita saber qué está «permitido» en su lugar. Cuando le prohíbas morder la pata de una silla, ofrécele inmediatamente un hueso especial.
Cuando prohíba saltar sobre los invitados, enséñele la orden «Siéntate» y recompénsele por un saludo tranquilo. El cerebro del perro está diseñado de forma que el vacío creado por la prohibición debe llenarse con una acción.
El principio más importante es la oportunidad. La orden «No» debe darse en el momento de la acción, no un minuto después, cuando ha encontrado una almohada rota.
Los perros viven en el aquí y el ahora, y tu indignación tardía se relacionará en su mente no con una almohada mordisqueada, sino con tu llegada. Decidirá que eres peligroso e impredecible, no que estropear las cosas sea malo.
Otra sutileza es la entonación. La orden de prohibir debe ser corta, aguda, grave, pero no histérica. Gritar es un signo de debilidad y pérdida de control.
Un perro que oye un grito estridente se siente estresado y confuso, pero no respetuoso. Una voz firme, calmada y baja funciona como un ancla: comunica que la situación está bajo control y que la decisión es definitiva.
Si el perro ya ha cogido un objeto prohibido, no lo persiga. Esto convertirá la recuperación en un juego divertido en el que usted es el copiloto.
Mejor aún, ofrézcale un intercambio: una golosina u otro juguete a cambio del objeto robado. Cuando el perro se acerque y se lo devuelva, coja tranquilamente el objeto y déle la recompensa.
Aprenderá que obedecer es más gratificante que huir, y usted seguirá siendo una fuente de placer para ella, no un enemigo. Y recuerda, un perro perfectamente obediente no es aquel que teme el castigo, sino el que confía en tus decisiones.
Sigue la prohibición no porque tenga miedo, sino porque cree: si el dueño ha dicho «no puedes», significa que hay una buena razón, y seguramente le ofrecerá algo mejor. Este es el verdadero contacto, basado en el respeto, no en el terror.
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