Cuánta agua hay que beber realmente: desmentir el mito de los dos litros

Probablemente no haya consejo más popular en el mundo de la vida sana que el de beber dos litros de agua al día.

Según un corresponsal de , llevamos botellas a todas partes, instalamos aplicaciones que nos lo recuerdan y nos reprendemos si no cumplimos la norma por la noche.

Esta cifra se ha convertido en algo tan sagrado que pocos se atreven a dudar de su veracidad y se preguntan: ¿de dónde viene? Resulta que las famosas ocho copas no son una prescripción científica estricta, sino sólo una recomendación aproximada, que en su día se interpretó de forma demasiado literal.

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El profesor de la Universidad de Yale Jeffrey Leachman admitió en una de sus entrevistas que la necesidad de líquido es estrictamente individual y depende de cientos de factores. El clima, la actividad física, el peso e incluso la composición del almuerzo de una persona desempeñan un papel mucho más importante que unos abstractos dos litros.

No sólo obtenemos agua del hervidor o la nevera, sino también de la comida, y esto es algo que mucha gente pasa por alto. Las sopas, las frutas y verduras jugosas, el té, el café e incluso la carne contienen humedad, que se tiene en cuenta en el balance hídrico general del organismo.

Así que una persona que se ha comido un plato de sopa de remolacha para comer y sandía de postre, ya ha recibido una parte importante de su norma, y echarse otro litro y medio por encima no sólo no tiene sentido, sino que a veces es perjudicial. El consumo excesivo de agua sobrecarga los riñones y elimina los electrolitos – potasio, sodio y magnesio – necesarios para el corazón y el sistema nervioso.

El famoso estado de «intoxicación por agua», cuando la gente en las competiciones bebe demasiado y se desmaya, no es una broma, sino un riesgo real. Nuestro cuerpo es mucho más inteligente que cualquier calculadora, y da una señal clara de falta de líquidos: la sed.

Los médicos aconsejan no fijarse en la aplicación del teléfono, sino en el color de la orina: debe ser amarillo pajizo, no oscuro como el té. El color oscuro es una señal clara de deshidratación, mientras que la transparencia total indica que estás bebiendo más de lo que necesitas.

Un método sencillo y fiable que se utilizaba mucho antes de que se inventaran las pulseras inteligentes. Mucha gente confunde la sensación de sed con el hambre, y éste es un error clásico de las personas delgadas.

Los centros de la sed y el hambre en el cerebro están cerca, y es fácil confundir la señal. Por eso los nutricionistas aconsejan beber un vaso de agua antes de comer una galleta y esperar diez minutos: puede que el cuerpo acabe de pedir una bebida y haya recibido calorías de más.

A secas, la verdad es simple: no hay que forzarse con el agua ni temerla. La mejor regla es beber cuando te apetezca y no torturarte si hoy no puedes beber el litro necesario.

Tu cuerpo no es tonto, sabe cuánto necesita, sólo que a veces escuchamos demasiado los consejos de los demás, ahogando nuestros propios sentimientos.

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