Un paseo se convierte en un tira y afloja sin fin: tienes prisa por hacer recados y la nariz de tu perro choca con cada arbusto y cada centímetro de asfalto.
Tiras de la correa, tiras, y llega un momento en que el perro se da por vencido y se limita a correr a tu lado, mirando hacia delante, según el corresponsal de .
Enhorabuena, acabas de privarle de su única forma de leer las noticias y mantener su salud mental. Para un perro, el sentido del olfato no es un sentido adicional, es un sentido primario.
La visión para ella es sólo un asistente. Si imaginamos que un humano recibe el 90% de la información a través de los ojos, un perro la recibe a través de la nariz.
El olfato para ella no es sólo «a qué huele», sino todo un universo de datos: quién pasó, cuándo, de qué humor, qué está enfermo, si está listo para aparearse y si es un enemigo. Al privarla del olfato, le cierras la ventana al mundo.
El impulso compulsivo de recoger comida del suelo es una cuestión aparte. Es inútil reñirle por ello, porque no es perjudicial, sino un profundo instinto carroñero heredado de antepasados que sobrevivían con cada caloría que encontraban.
La prohibición sin alternativa sólo aumenta la ansiedad y hace que la búsqueda de comida sea más aventurada y deseable, como la fruta prohibida. En lugar del control total, es mejor enseñar a su perro la orden «Puedo» y «No puedo», pero con una compensación obligatoria.
Permítele explorar ciertas zonas en las que el riesgo de coger veneno sea mínimo. Compre juguetes para olfatear, esconda golosinas por el piso y deje que las busque. Dale trabajo a su olfato, y el ansia por la basura de la calle disminuirá por sí sola porque la necesidad se satisfará legalmente.
El entorno urbano ya es escaso para la percepción de un perro. Hormigón, asfalto, mínima vida salvaje. Cada arbusto que olfatea es su Internet personal, donde consulta las noticias.
Imagina que te privan de tu smartphone, televisión, libros y vida social y te dicen que te sientes y te quedes mirando la pared. Así se siente un perro al que no se le permite olisquear.
Así que la próxima vez que tenga prisa, dedique al menos diez minutos a dejar que su perro elija su propia ruta con el olfato. Síguela, no tires de ella.
Verás cómo cambia su comportamiento: estará más tranquila, equilibrada y contenta. La paz que le das vale más que llegar cinco minutos tarde a una reunión.
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