Cada primavera, el autor ve un óleo a la entrada del jardín: los felices propietarios de las parcelas sacan cubos de cal justo a tiempo para las vacaciones de mayo, cuando el sol ya aprieta.
Y cada vez dan ganas de acercarse y preguntar: ¿qué sentido tiene, salvo el placer estético?, informa el corresponsal de .
El verdadero encalado, según el agrónomo con treinta años de experiencia, debe llevarse a cabo cuando la nieve acaba de caer, y los brotes todavía están firmemente dormidos. La principal misión de este procedimiento no es luchar contra los insectos, como mucha gente piensa, sino proteger la corteza de las quemaduras solares y las congelaciones, que aparecen debido a la gran diferencia de temperatura entre el día y la noche.
En febrero y marzo, el sol ya calienta activamente la corteza oscura, provocando el movimiento de la savia, y por la noche llega la helada y estas savias se congelan, desgarrando los tejidos del árbol desde el interior. El color blanco refleja los rayos, la corteza no se sobrecalienta y el árbol se despierta suavemente, sin estrés.
En mayo, sin embargo, este peligro prácticamente desaparece, y el encalado se convierte en un procedimiento cosmético inútil. La composición del encalado también importa.
El agrónomo nunca utiliza cal pura, prefiere añadirle arcilla y estiércol de vaca, para que la mezcla se fije mejor en la corteza y no sea arrastrada por las primeras lluvias. Además, la arcilla crea un tapón protector en las grietas, impidiendo que penetren en ellas esporas de hongos y larvas de plagas.
Los árboles jóvenes con corteza lisa no se pueden encalar categóricamente, ya que obstruye los poros y ralentiza el crecimiento. Para ellos, un jardinero experimentado prepara un boltushka de tiza y arcilla, más líquido y suave, que sigue protegiendo de las quemaduras, pero permite que el tronco respire. Este matiz suelen pasarlo por alto los principiantes, arruinando sus plantones.
Pero en los árboles viejos con corteza gruesa antes de encalar es absolutamente necesario limpiar. Las escamas muertas, los líquenes y el musgo, bajo los cuales les gusta invernar a las plagas, se eliminan con un cepillo. Sólo después de este saneamiento la composición se asentará uniformemente y aportará un beneficio real.
Y un secreto más que el autor aprendió de los veteranos: el encalado es mejor llevarlo a cabo en un día seco y nublado, para que la solución tenga tiempo de fijarse y no se escurra al suelo bajo los rayos del sol. Así, en la época de floración, los árboles llegarán a la primavera sanos y listos para fructificar, y no con la corteza quemada.
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