En la búsqueda del cuerpo perfecto, a menudo declaramos que la grasa es nuestro principal enemigo y nos esforzamos por deshacernos de ella a toda costa.
Las portadas brillantes y los blogueros de Instagram difunden una imagen en la que no cabe ni un pliegue de más, y empezamos a creer que la felicidad solo es posible con un cero por ciento de grasa subcutánea, informa el corresponsal de .
Pero la biología lo ve de otra manera, y tiene argumentos de peso para ello. El tejido adiposo no es sólo un lastre, sino un órgano endocrino esencial que interviene en la producción de hormonas y la regulación metabólica.
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Es en las células adiposas donde se producen la leptina, la hormona responsable de la sensación de saciedad, y los estrógenos necesarios para la salud de la mujer. Cuando la escasez de grasa es crítica, estos procesos se interrumpen y el organismo entra en un estado de conservación de la energía, lo que ralentiza el metabolismo.
Los investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard llevan tiempo advirtiendo de los riesgos de una delgadez excesiva, sobre todo para las mujeres. Estar demasiado baja de grasa provoca el cese de la menstruación, osteoporosis, problemas cardiovasculares e incluso deterioro cognitivo.
El cerebro, privado de grasa como colchón protector y fuente de moléculas de señalización, empieza a funcionar peor, y esto no es una metáfora sino un hecho clínico. Es importante distinguir entre la grasa subcutánea, que cumple una función protectora, y la grasa visceral, que se deposita en los órganos internos.
Es la grasa visceral, y no sólo la presencia de pliegues abdominales, la que está relacionada con el riesgo de diabetes y cardiopatías. Así que un par de kilos de más con un estilo de vida activo y unos análisis normales pueden ser perfectamente seguros e incluso útiles como reserva estratégica.
Hoy en día, muchos expertos se inclinan por el concepto de «peso saludable» en lugar de «peso ideal», en el que el criterio principal no es el número en la báscula, sino el bienestar y la ausencia de enfermedades. Es posible pesar más que el modelo estándar y seguir teniendo unos niveles excelentes de azúcar, tensión arterial y colesterol si se es activo y se sigue una dieta variada.
O se puede estar delgado pero tener trastornos internos por falta de grasa corporal. Tendemos a demonizar la grasa, olvidando que es lo que nos mantiene calientes, protege nuestros órganos internos de los golpes y nos ayuda a absorber las vitaminas liposolubles.
Sin ella, los sistemas inmunitario y reproductor no pueden funcionar correctamente, y la piel pierde firmeza y elasticidad. Así que la próxima vez que quieras perder esos dos últimos kilos a cero, pregúntate: ¿estás dispuesto a pagarlo con tu salud?
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