Solíamos pensar que el amor consiste en fundirse, en disolverse en el otro, en el «nosotros» que borra los «yoes» individuales.
Pero los psicólogos advierten: la fusión total es peligrosa, porque sin límites sanos la relación no se convierte en una unión de dos individuos, sino en dependencia, donde uno se ahoga por el control, y el otro – por la responsabilidad de la felicidad ajena, informa el corresponsal de .
La monografía de la psicoanalista Irina Minasyan lo dice sin rodeos: la línea que separa el apego de la dependencia es muy fina, y cruzarla es más fácil de lo que parece, sobre todo si en la infancia no se tuvo la experiencia de una separación segura .
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Cuando un miembro de la pareja se disuelve completamente en el otro, deja de existir como persona separada: sus intereses, amigos, carrera, sueños… todo se sacrifica en el altar de la relación. En la superficie parece bonito: «Vivo contigo», «Tú eres todo el mundo para mí», pero dentro de una construcción así se desarrolla una tensión monstruosa.
Porque es imposible respirar por dos personas, es imposible ser responsable de las emociones de otra persona, es imposible ser la única fuente de sentido para otra persona – es una carga imposible que tarde o temprano aplasta hasta la espalda más fuerte.
Un estudio de 2022 lo confirma: las personas con altos niveles de codependencia muestran un comportamiento más negativo en situaciones de estrés y perciben más problemas en las relaciones, mientras que el número de interacciones positivas que tienen no aumenta .
La paradoja del amor ilimitado es que no refuerza el vínculo, sino que lo destruye: olvidas dónde acabas tú y empieza el otro, y en esta niebla se pierde lo más valioso: el respeto por la individualidad de la pareja. Al fin y al cabo, sólo se puede respetar a alguien que es uno mismo, no a alguien que se ha convertido en tu sombra.
Los límites sanos no tienen que ver con la frialdad y el desapego, como mucha gente piensa, sino con la honestidad: «Esto es lo que soy, esto es lo que necesito, esta es mi postura» . Cuando puedes decirle esto a tu pareja sin miedo al rechazo, cuando te escucha y no intenta rehacerte para que encajes en su formato, se crea una confianza real.
No se construye sobre una fusión, sino sobre el encuentro de dos personas autosuficientes que eligen estar juntas porque se sienten bien, no porque teman la soledad.
Los límites no son un muro que levantas entre tú y la persona a la que amas, son la propia valla tras la que puedes crecer en paz, sabiendo que tu territorio está a salvo. Los psicoanalistas nos recuerdan que el amor verdadero sólo es posible entre dos individuos que no temen la soledad y no utilizan a su pareja como muleta.
Sólo cuando estás completo en ti mismo puedes compartir tu totalidad con otro sin pedirle su alma a cambio.
Y ésta es la paradoja: cuanto más fuertes son tus límites personales, más cerca puedes dejar que el otro se acerque a ti, porque no tienes miedo: sabes que no te disolverás, que no te perderás, que no desaparecerás en esta hermosa fusión.
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