Cómo entender que tu perro se hace mayor: no por las canas, sino por las pequeñas cosas

Estamos acostumbrados a notar la vejez por una cara gris y un andar lento.

Pero los verdaderos signos de envejecimiento en los perros empiezan mucho antes y se manifiestan en pequeñas cosas que pueden achacarse fácilmente al cansancio o al mal humor, según un corresponsal de .

Aprendiendo a leer estas señales, podrá corregir los cuidados a tiempo y prolongar a su amigo unos años activos y felices. La primera señal es un cambio en los patrones de sueño.

El perro empieza a dormir más de lo habitual, pero el sueño se vuelve superficial, se despierta con frecuencia, cambia de postura y no consigue tranquilizarse. Esto puede deberse a un dolor articular que no es visible a simple vista, pero que hace que el animal busque una posición en la que las molestias sean mínimas.

Puede levantarse por la mañana especialmente rígido. El segundo marcador es la actitud al caminar.

Si su enérgico perro de repente empieza a quedarse atrás, a detenerse con frecuencia, a sentarse o tumbarse por el camino, no es pereza. Es falta de aliento (problemas cardiacos) o dolor de patas o espalda.

No puede decirte que le duele, pero te lo demuestra con todo su comportamiento: «Estoy cansado, lo estoy pasando mal, vamos a descansar». El tercer signo es un cambio en el apetito y los hábitos alimentarios.

Un perro puede empezar a comer más despacio, dejar la comida en el cuenco con más frecuencia o, por el contrario, mostrar un mayor interés por la comida pero perder peso. Esto puede deberse a problemas dentales, a una disminución del olfato (los perros mayores son menos capaces de oler la comida) o a problemas gastrointestinales.

El cuarto síntoma es la irritabilidad o la actitud distante. Un perro anciano puede morder a otros animales de la casa que antes toleraba o evitar el contacto con las personas.

No se trata de un deterioro del carácter, sino de una defensa: cuando siente dolor o malestar, cualquier contacto puede resultarle desagradable. No quiere que la toquen porque le causa angustia.

El quinto marcador es el olvido. El perro puede quedarse mirando al vacío, no encontrar inmediatamente la puerta, olvidar órdenes que conoce desde hace años.

Son signos de disfunción cognitiva, de demencia canina. No se está volviendo más estúpido, simplemente su cerebro procesa peor la información.

Lo que necesita en este estado no es una reprimenda, sino tu paciencia y ayuda para navegar por un espacio familiar. La sexta señal, la más sutil, es un cambio de voz.

Un perro puede empezar a ladrar más a menudo sin motivo, especialmente por la noche, o puede dejar de ladrar casi por completo. Los ladridos nocturnos suelen asociarse a desorientación y miedo a la oscuridad, mientras que el silencio suele asociarse a apatía general y agotamiento.

En cualquier caso, es una razón para escucharla con más atención. Si notas alguno de estos signos, no esperes un milagro.

Lleva a tu perro al veterinario, que le hagan pruebas, una ecografía del corazón y radiografías de las articulaciones. A menudo, los problemas que tachamos de vejez pueden aliviarse o ralentizarse: analgésicos, alimentos especiales, suplementos para las articulaciones, estimulación cognitiva.

La vejez no tiene cura, pero puede hacerse más llevadera. Su atención a estas pequeñas cosas es lo único que puede hacer más fácil la fase final de la vida del perro.

No se quejará, no pedirá ayuda con palabras. Pero estará agradecida por cada pista que le des, por cada manta suave, por cada parada en el paseo en la que te quedes a su lado, dejándola descansar y respirando con ella el aire del atardecer.

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