Los investigadores contemporáneos descubren cada vez más que la calidad de las relaciones románticas no viene determinada por un único factor, sino por una red de variables interrelacionadas.
El análisis, realizado sobre una muestra de más de ochocientas personas, demostró que la satisfacción con la unión se correlaciona directamente con la fiabilidad del apego, el nivel de confianza, la satisfacción sexual y, lo que es más importante, con el sentimiento de reciprocidad, informa el corresponsal de .
Esto significa que el amor no tolera la soledad de a dos: si uno se invierte y el otro sólo se aprovecha, el sistema falla inevitablemente. Curiosamente, las diferencias de género en estos lazos de red resultaron ser mínimas: hombres y mujeres están dispuestos en relaciones mucho más estrechas de lo que comúnmente se piensa .
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Ambos necesitan seguridad, respeto y la oportunidad de ser ellos mismos sin miedo a ser juzgados o traicionados. Los celos, la baja autoestima y el apego evitativo actúan como la arena en una máquina: no matan el amor al instante, pero desgastan poco a poco los engranajes hasta que la máquina se vuelve rígida.
Otro estudio realizado en la Escuela Superior de Economía descubrió una relación no lineal entre la madurez personal y la satisfacción en las relaciones. Resultó que la máxima felicidad en la pareja no la experimentan las personas más «avanzadas» o infantiles, sino las que se encuentran en un nivel medio de madurez.
Son los que son capaces de combinar la pasión con la responsabilidad sin perder su autenticidad y sin convertir a su pareja en un proyecto para su propio desarrollo. Existen niveles óptimos de madurez para la pasión, la intimidad y el compromiso, los tres componentes de la famosa teoría triangular del amor de Sternberg.
Un nivel bajo de desarrollo personal hace que la pasión sea el motor principal, casi único, de la relación, lo que conduce a la inestabilidad. Un nivel alto, por el contrario, permite construir uniones profundas y conscientes, en las que hay lugar para la ternura, el respeto y los planes conjuntos de futuro.
La alfabetización psicológica en las relaciones no es la capacidad de diagnosticar a una pareja ni una colección de técnicas manipuladoras. Es la capacidad de ver detrás del conflicto – la necesidad, detrás de la ofensa – el dolor, detrás del silencio – el miedo.
Es la comprensión de que el amor no cae del cielo listo para solucionar todos los problemas, sino que lo construyen cada día dos personas vivas que tienen derecho a cometer errores, cansancio y mal humor.
Y cuanto más sepamos cómo funcionan estos mecanismos, menos temeremos la imperfección -propia y ajena- y más apreciaremos el milagro de ser elegidos después de todo.
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