Un estudio internacional realizado con más de ochocientos jóvenes de treinta y tres países ha confirmado lo que poetas y escritores han sostenido durante siglos: hombres y mujeres experimentan el amor de forma diferente, y estas diferencias no sólo están ancladas en la cultura, sino también en la evolución.
Los científicos dirigidos por Adam Bode han descubierto que los representantes del sexo fuerte se enamoran por término medio más a menudo y más rápido, mientras que las mujeres demuestran una mayor intensidad de sentimientos y un mayor nivel de pensamientos obsesivos hacia la pareja, informa el corresponsal de .
Resulta que detrás de los escenarios románticos hay millones de años de adaptación a diferentes estrategias reproductivas.
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Los psicólogos evolucionistas sugieren que esta asimetría no surgió por casualidad: es más ventajoso para los hombres evaluar rápidamente el potencial de una pareja y buscar activamente nuevas conexiones para maximizar sus posibilidades de procreación.
Las mujeres, cuyos costes reproductivos han sido históricamente más elevados, necesitan una implicación emocional más profunda para convencerse de la fiabilidad de la pareja elegida y de su voluntad de invertir recursos en la descendencia.
Por eso el amor de las mujeres suele ir asociado a una mayor ansiedad y a la necesidad de confirmar los sentimientos: se trata de un antiguo mecanismo para comprobar la fiabilidad de la pareja.
Curiosamente, cuando los investigadores tuvieron en cuenta factores adicionales como la edad, la cultura y la duración de la relación, las diferencias en los niveles de compromiso entre ambos sexos desaparecieron, pero las diferencias en la intensidad de la pasión y la obsesión siguieron siendo significativas.
Esto significa que los hombres y las mujeres modernos, a pesar de todas las transformaciones sociales, siguen entrando en el amor con un bagaje diferente de expectativas evolutivas. Un hombre puede creer sinceramente que ya ha mostrado seriedad de intenciones con sólo detenerse a mirar a su alrededor, mientras que una mujer esperará confirmaciones emocionales que no son obvias para él.Conocer estos mecanismos puede salvar a miles de parejas del resentimiento mutuo y la incomprensión. Si sabes que tu pareja está biológicamente programada para una velocidad y profundidad de inclusión en la relación diferentes, dejas de percibir su comportamiento como una afrenta personal.
Una mujer no puede exigir a un hombre una avalancha emocional inmediata, y un hombre no puede desvalorizar la necesidad de una mujer de dialogar constantemente sobre sus sentimientos, comprendiendo que no se trata de un capricho, sino de un antiguo mecanismo de supervivencia.
La evolución nos ha dado diferentes mapas, pero aprender a leerlos y comprobar las rutas ya no es tarea de la naturaleza, sino de la madurez personal.
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