Qué ocurre cuando se deja de tener miedo al conflicto y cómo cuatro técnicas convierten las peleas en intimidad.

La profesora Mara Olekalns, estudiando a parejas que afrontan con éxito las dificultades, descubrió un patrón paradójico: las uniones felices no se distinguen por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de afrontarlos correctamente.

La investigadora ha identificado cuatro herramientas específicas que permiten no sólo apagar incendios, sino salir de ellos con una base de intimidad reforzada, informa .

Resulta que toda disputa contiene «ventanas críticas», momentos en los que se puede girar la conversación hacia la reconciliación o hacia el abismo del resentimiento mutuo. La primera ventana se abre nada más empezar la conversación: si empiezas con una queja, un sarcasmo o una devaluación, el adversario se pone automáticamente a la defensiva y el diálogo se convierte en una guerra.

Pixabay

Basta con cambiar el tono a neutro o incluso amistoso, y el cerebro del interlocutor recibe una señal de seguridad que le permite seguir en contacto, no en la trinchera . La segunda ventana aparece en el momento de la explosión emocional, cuando alguien estalló y dijo algo innecesario.

Aquí salva el día una simple frase: «Creo que no nos hemos entendido», que devuelve la conversación a una dirección constructiva, si, por supuesto, ambos están dispuestos a agarrar esta paja. La tercera herramienta es una pausa deliberada, un paso atrás, que mucha gente confunde con huida o debilidad.

De hecho, la capacidad de decir «necesito dos minutos para calmarme» es una manifestación de la máxima responsabilidad en la relación, porque en un estado de afectación perdemos la empatía y la capacidad de resolver problemas.

La parada breve nos devuelve el acceso a nuestros propios recursos y nos permite ver la situación de forma tridimensional en lugar de a través de la estrecha tubería del resentimiento. Y por último, la cuarta herramienta es la sincronicidad, la sensación de que no sois enemigos en lados opuestos de las barricadas, sino un equipo que resuelve un problema común.

Cuando los miembros de la pareja sienten interdependencia afectiva (la capacidad de sintonizar con el estado de ánimo del otro) e interdependencia cognitiva (ese importantísimo «nosotros» en lugar de «yo contra ti»), cualquier conflicto se convierte en un proyecto conjunto para mejorar la relación. En las parejas sanas, las peleas no acaban con uno ganando y el otro perdiendo, sino con un sentimiento renovado de intimidad y comprensión.

Lea también

  • Cómo el vacío interior elige pareja, y por qué el amor tiene que pagar por ello
  • Por qué algunas personas se enamoran más a menudo y otras con más fuerza, y cómo se relaciona esto con la evolución

Share to friends
Rating
( No ratings yet )
Consejos útiles y trucos para la vida diaria